Parte de la competitividad en el mercado reside en la proactividad empresarial de una organización. En un entorno laboral cada vez más saturado, con la oferta de productos y servicios similares, bajo las mismas circunstancias, emprender nuevas acciones y generar cambios constructivos es la solución.

De nada sirve esperar los cambios y tomar decisiones, una empresa debe investigar y contar con los conocimientos para visualizar diversas alternativas y saber cómo reaccionar ante ellas, adelantándose a los acontecimientos y panoramas.

La proactividad empresarial es entonces parte del éxito profesional a nivel ejecutivo y empresarial. El comportamiento proactivo siempre traerá consigo consecuencias positivas demostrables tanto para los empleados como para las organizaciones.

Esta actitud proactiva implica asumir pleno control de las actividades, así como tener iniciativa en el desarrollo de acciones creativamente responsables, convirtiendo los problemas y las debilidades en oportunidades de negocio, dándoles solución, adaptando sus virtudes a las condiciones del entorno.